
Por: Alvaro Emiliani, Director Editorial Es Lo Mazzz
En una escena donde muchos siguen mapas prestados, dishype decidió dibujar el suyo desde cero. Y no es una exageración: lo que están construyendo no es solo música electrónica, es una narrativa.
En medio de la evolución de la electrónica latinoamericana, este dúo colombiano aparece con una propuesta que se siente más pensada, más emocional y, sobre todo, más propia. No buscan sonar global, buscan serlo desde su identidad.
Y en ese intento, están logrando algo más grande: poner a Colombia en una conversación donde antes apenas susurraba.

Dishype: de promesa emergente a realidad internacional
El crecimiento de dishype no ha sido un golpe de suerte, sino una especie de efecto dominó bien calculado.
En poco tiempo, su música cruzó fronteras y aterrizó con fuerza en México, uno de los territorios más exigentes para la electrónica en la región. Allí no solo encontraron público, encontraron validación en vivo.
Dishype: el corazón del proyecto está en su sonido. Pero no es solo lo que suena, es lo que provoca.
La banda mezcla Afro House, Melodic e Indie Dance con un ingrediente poco habitual: spoken word en español cargado de emoción. No es un recurso estético, es un canal directo hacia lo que pasa por dentro.
Su música no solo mueve el cuerpo, también activa pensamientos incómodos, preguntas que se quedan flotando después de que termina el track.

Lo interesante es que el impacto de dishype ya no se queda en la escena electrónica.
La creadora de contenido Andrea Valdiri llevó su música a un contexto completamente distinto, usando tracks como SENDA y 08:08 en una rutina de ejercicio acompañada de un mensaje que conecta con la esencia del proyecto: resistir sin perderse.
Por otro lado, Ricky Martin incorporó SENDA en una sesión fotográfica, demostrando que el sonido del dúo también habita espacios más visuales, más conceptuales.
Dishype presenta SOMA: un álbum que no se escucha, se recorre
Con SOMA, dishype deja claro que no está interesado en lanzar canciones sueltas. Este álbum funciona como un loop emocional. Parte de una idea simple, pero inquietante: la vida no se reinicia, se repite. Volvemos a lo mismo, pero nunca siendo los mismos.
Desde ahí, construyen una obra que cambia según el momento en que la escuches. No es lineal, no es rápida, no es desechable.
Es música para habitar. Y es que cada track parece una habitación distinta dentro de un mismo sistema, donde el inicio y el final se miran como espejos.

Dishype y el futuro de la electrónica hecha en Colombia
Con SOMA, dishype no solo presenta un álbum. Marca una postura. Demuestra que la electrónica hecha en Colombia no necesita imitar, necesita profundizar. Que puede ser conceptual, emocional y exportable sin perder su raíz. Y en ese equilibrio, entre lo que se baila y lo que se siente, están construyendo algo que no solo suena distinto.